Escribe César Sánchez Martínez / Lima
Cuando la integridad es la base del liderazgo, apreciaremos que la actitud del líder se reflejará en su estilo de vida frente a los diversos hechos que se presentan. La persona debe tener firmes convicciones para no dejarse llevar por comentarios e influencias ajenas. Lo real es lo que existe y, por lo tanto, eso se debe reflejar en la toma de decisiones y posturas que adopta el líder. Una persona íntegra es candidata natural para convertirse en una persona con convicciones firmes y por lo tanto en un líder.
El
tener posiciones firmes la mantienen en los principios y valores que
alimentaron sus creencias y sus conocimientos. Una persona que desde niño le
enseñaron a respetar a los demás, lo hará también cuando llegue a ser mayor. El
líder no debe cambiar de opinión de acuerdo con las circunstancias. Por eso
decimos que el buen líder motiva con su ejemplo y servicio. En la actualidad
hay muchos modelos de liderazgo, pero aquel que deja huella, que transciende,
definitivamente es el liderazgo del servicio. El adagio popular dice: “El que
no vive para servir, no sirve para vivir”. Cuánta razón hay en el dicho
popular.
Suscribimos
que el liderazgo no es algo que se adquiere por naturaleza y viene con la
persona, es algo que se aprende en el camino. Una persona puede nacer con
ciertas habilidades que podrán hacer más fácil el aprendizaje, pero hay que
aprenderlo. Nadie nace honesto, generoso y servicial, esas virtudes se aprenden
y se forjan en el hogar.
Cuando
un “líder” se deja llevar por prejuicios o comentarios de terceros, no sólo
daña la vida de los otros, sino también su propia vida. En el liderazgo de
firmes y reales convicciones, la persona siempre tiene un proyecto en la mente,
pero al mismo tiempo, una visión de lo que quiere que sea el proyecto. También,
si se equivoca, sabe lo que tiene que hacer.
Un
líder con convicciones sabe qué hacer cuando se equivoca. No siempre una
“disculpa” es válida. Por encima de todo está el “perdón”. Perdonar implica
olvidar. Algunas veces he escuchado la frase: “Yo perdono, pero no olvido”. Eso
en la vida significa no haber perdonado. Precisamente, perdonar es olvidar. Si
una persona no está preparada para aceptar la realidad, aún está en el proceso
de aprendizaje.
Para
el líder con convicciones, su palabra vale. Ahora que se ha perdido tantos
valores y principios morales, surge la necesidad de encontrar hombres y mujeres
con fibras morales inamovibles. La palabra vale y se debe cumplir lo que se
promete y ser responsable con lo que se ha dicho.
El
liderazgo en el presente siglo es un conjunto de virtudes y actitudes que se
aprenden para influenciar positivamente en las personas, superar limitaciones y
alcanzar retos en los tiempos señalados.
Desde
esta perspectiva, el liderazgo es algo especial que influencia en los
demás. El liderazgo no es un estilo foráneo que se adopta, ni frases que
se aprenden. Está impregnado en la persona misma y relacionada con su carácter
y su estilo de vida. Es natural. El liderazgo está basado en el ejemplo, por un
lado, y en el servicio por el otro.
Un
verdadero líder está al servicio de los demás. En realidad, es un servidor. Los
buenos y exitosos generales no son los que desarrollan una excelente estrategia
de guerra para la victoria en un gabinete o escritorio, sino aquellos que van
al frente de su tropa y el pelotón lo sigue, dándose en “alma, cuerpo y vida”,
porque su general y líder está adelante. Obviamente que hay diversas
estrategias y tácticas, pero el líder va adelante dando el ejemplo y está al
servicio de todos.
Insistimos
en algo. Al líder no lo hace el estatus social, jefatura, fama y menos el
dinero. El líder está al servicio de los demás y es el ejemplo para seguir. El
verdadero liderazgo implica el servicio hacia los demás. Es decir, sacrificio
para ser comprendido y entrega desinteresada, sin esperar nada a cambio.
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CESAR SANCHEZ MARTÍNEZ (Lima 1957) es escritor y
periodista colegiado, especializado en Economía y Liderazgo Emprendedor. Se
formó en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y en la Universidad ESAN
de Lima. Ha realizado estudios de especialización en Buenos Aires y Montevideo.
Tiene escrito más mil artículos en diversas publicaciones de América Latina,
Estados Unidos y España. Como coach-mentor es conferencista en temas de
Liderazgo y es director del diario CERTEZA.


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